• 13 de julio de 2026 6:05 PM

Lo que nos ha enseñado el Mundial…

Jul 13, 2026

Por: Edgar Molina

Más allá de los goles, las emociones, Haaland y el Pato Merlín, este Mundial nos ha enseñaldo muchas cosas que bien podríamos ponerlas en práctica siempre en nuestras vidas.

Siempre he sido fanático del deporte y más cuando se trata de una Copa Mundial de Futbol. Desde 1994 las sigo a conciencia y ver como une a los aficionados de todo el planeta es algo que ningún otro deporte puede lograr. Me resultó fantástico ver aficionados de Irán en las calles de Tijuana disfrutando como un mexicano más los juegos de la Selección y de su equipo, en un contexto muy difícil para ellos en pleno conflicto bélico con Estados Unidos.

Ver a países como Cabo Verde, Uzbekistán, Jordania y Curazao haciendo su debut en el escenario internacional nos da la idea que la pelota viaja a todos lados, puede unir a los lugares más distantes, futbolística y geográficamente hablando, de los que siempre han estado acostumbrados a patear este balón. La fiesta es así, para el disfrute de todos.

El Mundial nos recuerda que, por encima de las fronteras, compartimos las mismas emociones. Un gol puede hacer llorar de alegría a millones de personas y otro puede provocar un silencio absoluto. Durante noventa minutos, idiomas, religiones, ideologías y diferencias sociales pasan a segundo plano porque todos entienden el lenguaje universal de la emoción.

Tal pasó en México. Por un mes (lo que duró la selección participando) se nos olvidó que la persona de al lado era rico, pobre, era de Morena, del PAN, del PRI, si es fifí o chairo. De pronto se nos olvidaron los problemas y nos dedicamos a apoyar a una selección como si fuera el país mismo el que estuviera en juego.

El desfogue de gritar gol. Los goles de Quiñones. Las salvadas del «Tala» Rangel. El adiós de «Memo» Ochoa. El Ángel de la Independencia con más de un millón de personas. El adiós del «Vasco» Javier Aguirre… muchas emociones en un poco tiempo.

Nos dimos cuenta del nivel de país que somos. Pese a muchas cosas en contra, se logró llevar a buen puerto 13 partidos de una Copa Mundial. No hubo problemas de inseguridad en los estadios. La gente celebró, disfrutó, bailó, cantó y se abrazó, un abrazo que debemos de continuar pese a que no haya futbol ni mundial.

El Mundial también nos enfrenta a una realidad incómoda: no siempre gana el mejor. Hay talento, preparación y estrategia, pero también existen el azar, un error arbitral, un poste, una lesión o un mal día. La vida funciona de manera parecida. El mérito aumenta las probabilidades de éxito, pero nunca garantiza el resultado. Lo verdaderamente importante es la capacidad para levantarse después de la derrota.

Al final, la Copa del Mundo no solo corona al mejor equipo; también nos recuerda que seguimos necesitando creer en algo que nos haga sentir parte de una misma comunidad, aunque sea por unas cuantas semanas.

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